EL CHARRO NEGRO:
Para los todos aquellos que no viven en la Ciudad de Mèxico, La Noria forma parte de los Barrios màs antiguos de la Delegaciòn Xochimilco al sur de la Ciudad.
La palabra Xochimilco traducida al Nahuatl significa “Lugar de la sementera de flores”, zona lacustre en donde pasado y presente dan vida a las màs sorprendentes e increíbles historias que forman parte de las tradiciones mas antiguas del Mèxico de hoy.
Xochimilco hoy en dìa forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Hablar de Xochimilco es remontarnos a la época Prehispànica, donde grupos de indígenas provenientes de la zona de Copilco, Cuicuilco comienzan a poblar la zona ribereña del sur del valle. Las leyendas que surgen en Xochimilco han sido enaltecidas por su gente.
El manantial de la Noria: se ubicaba cercano al panteón Xilotepec, frente a la tan renombrada cueva del diablo donde según nuestros abuelos se encontraban los lavaderos públicos, ahì había un ojo de agua: el de la Noria, donde la gran mayoría de las mujeres llegaban a lavabar su ropa, entre ellas la mamà de Felipa “una anciana lugareña”.
En la actualidad el manantial ya no existe; y según cuentan las mujeres que iban a lavar su ropa en ese lugar. “El Manantial era muy enamorado y cuando se acercaban las jóvenes comenzaba a brotar el agua con màs fuerza y dicen. . . que allì vivìa el diablo y era la forma en que coqueteaba con ellas, pero la gente seguía yendo a pesar de saber que el diablo rondaba el lugar y que se había llevado a una joven de Tlacoapa”.
“Una vez; cuentan las abuelas, llegaron un par de hermanas a lavar ropa y el agua comenzó a saltar de gusto, luego entonces, al instante apareció un hombre vestido de catrín que comenzó a malorear a las muchachas con sendos piropos a lo cual una de ellas respondió “que dejara de estar fregando y que se largara”, entonces el incògnito personaje comenzó a reir a carcajadas y continuò haciendo alarde de galantería con las hermanas, quienes al no encontrar respuesta a su petición ya muy molesta una der ellas tomò su jìcara con agua y se la lanzò a la cara, pero grande fuè su sorpresa al ver que el agua formò un arcoíris alrededor de tan insólito personaje. Espantadas por aquel suceso las mujeres que se encontraban en el lugar gritaron de desperadamente. . . “es el diablo”, algunas mujeres corrieron a levantar su ropa y se alejaron, otras comenzaron a rezar y el increíble personaje desapareció. Con el correr de la tarde las hermanas recogieron su ropa seca y comenzaron a andar con rumbo a su casa, al llegar al puente del Barrio de San Marcos se les apareció un bello arcoíris, mismo que envolvía la galanura del supuesto diablo, al llegar al segundo puente se les volvió a aparecer aquel bello arcoíris, . . .solo que en esta ocasión las fuè siguiendo hasta su casa en el barrio de Tlacoapa para de increíble forma colocarse sobre el arco de la puerta”. Despuès de esto las jóvenes mujeres no volvieron nunca mas a los lavaderos.
Con el tiempo se corrió el rumor que una de las jóvenes había enfermado de gravedad y que una noche se presentò el catrín pidièndola en matrimonio y sus padres aceptaron con la esperanza que al recibir el sacramento del matrimonio su hija sanarìa, la ceremonìa se llevò a cabo en la Parroquia de San Bernardino de Siena; pero solamente llegó a la iglesia el catrín para después de la misa llevarse a su esposa. Con gran extrañeza todos los familiares de la novia regresaron al Barrio de Tlacoapa para festejar pero se dieron cuenta que la pareja ya no estaba a lo que los invitados pensaron que la pareja se habían ido de luna de miel, . . . pero jamàs regresaron.
Con el correr de los años los habitantes del Barrio de Tlacoapa olvidaron lo sucedido, hasta que en una ocasión una señoras que lavaban en el manantial se dieron cuenta que cuando dieron las doce del dìa el manantial se quedó quieto y en el fondo del vieron a la esposa del catrín sentada. . . encantada. . . y tejiendo alegremente.
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El charro negro es un personaje se le vincula a la muerte, a la noche y a la
oscuridad, aunque tiene otras acepciones: a) como diablo que tiene la habilidad
de expeler lengüetazos de lumbre.; b) como un hombre seductor de doncellas;
y c) vinculado a la cueva del aire y se le conoce como el charro del viento.
También se le reconoce su capacidad de convertirse en serpiente. Estas
características permiten relacionarlo con el viento oscuro, que en la tradición
mesoamericana se asociaba con el dios Tezcatlipoca, (espejo humeante) dios
de la muerte, y del inframundo. Fray Bernardino de Sahún explica que:
cuando andaba en la tierra movía guerras, enemistades y discordias ( ) y que
él solo daba las prosperidades y discordias y que él solo las quitaba cuando se
le antojaba (De Sahagún, Fray Bernardino, 2000, :71)
En su acepción de diablo, se le relaciona a tesoros enterrados y a dinero, o al
enriquecimiento rápido de las personas3. Se dice que a su paso deja un aroma
de azufre y lo caracterizan como un ser infernal que habita cuevas y cerros.
En el caso del barrio estudiado, se considera que habita en una gran roca
conocido por todos como la Piedra Encantada, que se encuentra en el fondo
del barranco del Parque Nacional Fuentes Brotantes, colindancia natural del
barrio de la Fama. Esta piedra está junto a un arroyo destaca por su tamaño,
su forma curveada, y porque pareciera no pertenecer al lugar, ya que no hay
otras similares en el área.
Al charro lo describen en algunas ocasiones como un hombre hermoso, de
cuerpo varonil, moreno, con bigotes negros, vestido de negro y plata, con todos
sus dientes de oro. Se pasea por la barranca o por las calles, montado en un
brioso corcel negro. Su voz es ronca y de ultratumba. Esta descripción parece
estar asociada también a la figura de los caporales de las haciendas o a la
propia figura revolucionaria de Emiliano Zapata4. Cabe recordar que durante la
colonia los peones que manejaban el ganado y los caballos eran generalmente
negros. Con respecto a ello en la literatura se encuentran referencias de magia
negra (vinculada a los africanos) y se relacionaban también con la sombra y
con el viento.
Si bien se vincula su cuerpo varonil a la seducción principalmente de mujeres
jóvenes, también se le ve como un personaje que asusta o corretea a hombres
borrachos. En estas narraciones la figura del charro se aparece en los
lavaderos, es decir en lugares vinculados al agua. Esto resulta interesante pues
antes, las mujeres lavaban en manantiales o ríos, los cuales generalmente
brotan de cerros y cuevas. De allí que también se le asocia como un personaje
sobrenatural que habita los cerros y las cuevas. Esta referencia nos puede
llevar a asociarlo a Quetzalcóatl (serpiente emplumada), el gemelo de
Tezcatlipoca, pero también su contrario, asociado al agua, a la vida, al viento
que fluye. Ambos dioses, eran considerados padres fundadores del universo.
Llama la atención que hasta hoy, en los pueblos de Tlalpan, le dejan ofrendas
al charro negro, en la cueva del aire5 para la petición de lluvia o para la
curación de enfermedades llamada de aire .
Sintetizando, tres son los elementos centrales que encontramos relacionados a
las concepciones mesoamericanas: 1) el vínculo con los cerros y el agua, 2) la
capacidad de transformación del personaje (de persona a víbora y viceversa lo
cual se puede relacionar al nahual), y 3) su capacidad de hacer daño o causar
maleficios. Este último se asocia hoy en día, por un lado, al diablo,
perteneciente a la tradición católica y por otro al de charro, personaje
característico de la época colonial y moderna.
La capacidad de transfiguración del personaje resulta sumamente importante
ya que se vincula a la figura del nagual, al transformarse en una víbora.
Es interesante señalar que de las pocas narraciones claramente míticas que
aún se reproducen en la zona, siempre aparecen las víboras como las
guardianas de los accesos a los cerros y cuevas. Estos seres pertenecen, en la
concepción mesoamericana al complejo de agua y tierra y se relaciona tanto
con deidades como con sus poderes reproductivos. Muchas veces la
representación iconográfica de las diosas madres se daban como una
serpiente de dos cabezas o dos serpientes que integran la cabeza de un
monstruo.
En este sentido, el personaje del Charro Negro pareciera sintetizar, desde
parámetros no indígenas -charro, catrín y diablo- hasta conceptos
mesoamericanos de ordenamiento del mundo
